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Profesora de Periodismo Electrónico en la Universidad CEU Cardenal Herrera y Directora del Observatorio de Investigación en medios digitales (Oimed)
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Blog sobre tecnología y periodismo
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Enredos.0
Publicado: 17/11/2011
La semana pasada Javier Solana sorprendió en Twitter a sus seguidores con la noticia del fallecimiento de Ariel Sharon; el actor Ashton Kutcher se solidarizaba con un entrenador de fútbol despedido por haber cometido abusos sexuales. La noticia tuiteada por Solana fue rápidamente desmentida por un profesional y Kutcher, que recibió innumerables críticas y descalificaciones, rectificó al conocer las razones del despido y ha decidido entregar la gestión de su cuenta a sus colaboradores.
Unos tanto y otros tan poco. Porque, casi a la vez, la agencia Associated Press lanzaba una actualización de las normas que guían a sus periodistas en los medios sociales: los periodistas no pueden retuitear sin más. Nota para inmigrantes digitales en tránsito: retuitear (RT en Twitter) es reproducir un mensaje elaborado por otros y ponerlo al alcance de nuestros propios seguidores.
¿Demasiado estricta la agencia AP con los principios periodísticos? Retuitear es compartir, una actividad natural en una estructura descentralizada como es la red y que es recompensada por los medidores de impacto en Twitter. Pues bien, AP ha considerado que, al retuitear, el periodista avala (endorse) el mensaje que reproduce y sugiere algunas fórmulas alternativas para evitar la confusión que no convencen a la comunidad 2.0. Obviamente, lo que para unos es prudencia (de acuerdo con el principio periodístico de imparcialidad), indica claramente para otros desinterés por la conversación o desconocimiento del lenguaje de las nuevas plataformas.
Unos días más tarde, el 14 de noviembre, el centro de investigación Pew daba a conocer un estudio de las cuentas de Twitter de 13 medios de comunicación, que fueron examinadas durante una semana. Resultado: las grandes cuentas apenas retuitean. Destacan los datos de The New York Times, que no lo hace ni una sola vez en toda la semana analizada. En el otro extremo, las cadenas de televisión y un recién llegado como The Huffington Post.
La polémica del retuit es la punta del iceberg. Las guías para la publicación en medios sociales, que tienen su origen en el año 2009, han sido polémicas desde los inicios. Algún medio permite, por ejemplo, dar opinión en el timeline -si es oficial- solo a los columnistas. La adscripción a grupos en Facebook, los "amigos", la información sobre la empresa y la diferenciación entre perfiles personales y profesionales son otros de los aspectos que se recogen en este tipo de documentos, que se multiplican en 2011.
¿Hacen falta estas guías o es suficiente aplicar el sentido común, como proponía @retiario en #comdigcv11? La emergencia de las voces individuales de los periodistas constituye un reto para las organizaciones de noticias; como reconocen las reglamentaciones, es difícil separar claramente los ámbitos profesional y personal en los nuevos medios. Los investigadores Lasorsa, Lewis y Holton consideran que los periodistas están cambiando las normas profesionales en Twitter.
Publicado: 10/10/2011
Quizá Jobs, que no terminó sus estudios universitarios, supo interpretar mejor que nadie a McLuhan; entendió que los envoltorios sobran, que el tacto, el oído y la intuición reclaman su lugar en una sociedad "electrónica"; que la batalla entre las tablets y los libros electrónicos ha terminado antes de empezar.
Como emigrante digital, reclamo el libro electrónico -que ya no es libro sino libro, diccionario y bitácora a la vez-, el que se ofrece en blanco y negro, que no cansa la vista, que suscita imágenes sin necesidad de mostrarlas. Pero no renuncio al tablet, Ipad o no, a lo multimedia.. Tampoco al smartphone, el teléfono inteligente, caro y egocéntrico, ese objeto inanimado que, apenas te descuidas, acaba en los brazos de otra persona (dos por ahora).
¿Habrá dejado Jobs en ese legado de cuatro años que mantiene erguido el espíritu de Apple el gadget definitivo? El todo en uno que no se pierde, que apenas requiere recarga, versátil hasta lo inimaginable, ergonómico, intuitivo y autónónomo, la puerta a todos los servicios y contenidos, accesible en todos los sentidos.
El gadget que nos enseñará a escribir cuando hayamos perdido el resultado de tantos años de aprendizaje.




















