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David Amat

Me llamo David Amat Jiménez. Soy periodista y bloggero y mi gran afición es el cine. Como no encontraba en la red un blog para amantes del séptimo arte sin fobias al cine de entretenimiento, decidí crear uno yo mismo. En lo profesional, he sido becario durante varios años en un periódico, he trabajado también en varias radios y colaboro con algunos medios escritos. Además, he vivido varios años en el extranjero y hablo inglés e italiano.

 

sobre este blog

Blog dedicado al séptimo arte desde una nueva perspectiva. El cine es, en definitiva, una experiencia personal. Por eso en cineparasimples en Levante.com hay cabida para todos los gustos. A un cinéfilo simple le pueden gustar Aronofsky o Kim Ki Duk y también las pelis de Stallone o las comedias románticas. El simple no entiende el concepto de 'placer culpable'.

 

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cineparasimples en Levante.com

 

 

 

Publicado: 28/10/2011

Aunque me alegre que el cine español de un paso hacia adelante apostando por la ciencia ficción, lo cierto es que no puedo estar contento tras ver Eva. El film de Kike Maíllo tiene una idea en su guión bastante potable pero no sabe cómo estructurarla para que el espectador se interese por ella y, sobre todo, tratándose de una cinta de estas características, para que exista un misterio que deba ser desvelado. Ahí se encuentra el gran fallo de la ópera prima de Maíllo y es un error garrafal. Desde el principio, el pastel huele que apesta. Así, cuando llega el clímax, uno sigue en su asiento con la misma expresión que al inicio pero con la ilusión hecha ya añicos. El ansia de resolución del misterio debe ser colmada en ese momento y reforzada con la resolución del relato. El público está todavía esperando a que suceda el gran acontecimiento cuando, de repente, aparecen los títulos de crédito. Uno se pregunta: ¿ya está?

No obstante, hay que reconocer que Maíllo ha sabido montar su película para que sea entretenida, algo de agradecer. El joven cineasta español conoce las armas del género y las utiliza muy bien. La fotografía y el montaje de Eva muestran a un director capacitado para hacer cine pero con un guión en las manos cuya débil estructura acaba con cualquier posibilidad de alcanzar la meta propuesta: conquistar al espectador a través de un misterio creciente que se resuelve en un final lleno de significado. En lugar de suceder eso, a uno no le importan un pito ni Eva, ni Daniel, ni la madre que los trajo al mundo, fuese robótica o no.

El otro gran error de Eva está en la construcción de la trama romántica, que se desarrolla sin puntos de inflexión que hagan que el espectador empatice con la situación del protagonista. El triángulo amoroso no tiene fuerza, no sucede nada que no haya ocurrido de la misma manera en multitud de films que lo han hecho de mucha mejor forma y con mayor utilidad para la historia que se narra. Por ejemplo, ¿de qué sirve el personaje de Alberto Ammann? ¿Qué función tiene en el desarrollo del relato?

El reparto no carbura mal. Daniel Brühl está, de hecho, muy bien. Es un gran actor y da la talla aunque su personaje no esté a la altura. Marta Etura, que también es una buena actriz, tiene poco papel que lucir. Su Lana es unidimensional, previsible, de decisiones injustificadas y poco explicadas. Lástima desaprovechar a una intérprete con la cantidad de registros que Etura atesora. Para involucrarnos en los desquites amatorios de éstos y el tal David falta una información que se nos debía haber proporcionado a lo largo del metraje: aquella que se refiere a la relación entre los dos hermanos y de los susodichos con la moza. La cría, Clàudia Vega, tiene talento pero ya se verá; tampoco ha sido una aparición deslumbrante. El que sigue sin convencerme es Ammann, de expresión y tono casi siempre faltos de naturalidad.

En resumen, que la peli tiene sus momentos de interés y está lo mejor contada que se ha podido, lastrada por un guión eminentemente fallido. Entretenida pero decepcionante. Nada nuevo bajo el sol.

 

 

 

 

 

Publicado: 21/10/2011

Kate Winslet tratará de impedir la propagación del virus.

Con ciertos directores sabes que el notable no te lo quita nadie. Quizás les cueste llegar al 9 y al 10 pero saben muy bien qué deben hacer para no bajar del 7. El indeciso Steven Soderbergh (que me retiro porque voy a ser pintor, que ahora me desdigo, que luego me vuelvo a retirar, que más tarde…) está entre ese grupo de cineastas. Con Contagio ha logrado un siete tirando a ocho. Su nuevo film es un fantástico ejercicio de estilo sin el alma de las grandes historias pero con la agilidad de los grandes documentales. Merece la pena porque Soderbergh sabe hacer muy bien dos cosas: mover la cámara y dejarla en el sitio correcto; y sentarse a montar películas que no te hagan apartar la vista de la pantalla ni un solo segundo. Dicha habilidad no es óbice para que huyamos de una necesaria crítica a la falta de profundidad de unos personajes cuyo destino interesa bien poco al espectador. El autor de la obra parece más interesado en realizar una suerte de documental novelado sobre los efectos de la globalización, especialmente sobre aquellos derivados de la comunicación, que de revisar los dramas humanos que se suceden en medio de esa cadena de muertes e infectados. Con menos personajes y más frases para unos pocos quizás el film hubiese poseído otro tono distinto al que buscaba Soderbergh pero seguro que los personajes se habrían convertido en una fuente de empatía que conquistase el corazón del espectador; sin necesidad de llegar a lo lacrimógeno pero haciendo que en la piel de sus congéneres de la pantalla éste se sintiese amenazado.

Por otra parte, como ya he expuesto, Soderbergh es incapaz de hacer algo aburrido. Desde el primer instante hasta el último, su correosa mano atrapa al espectador con las armas que más gusta de utilizar, el montaje y la fotografía para darle el ritmo adecuado a una historia que no es más que el diario de un virus. Muchos debieran aprender de la destreza del responsable de Traffic y Ocean’s eleven a la hora de contar historias desde las vísceras del arte cinematográfico -que es lo que se ve más que lo que se oye- antes de dejar diez minutos la cámara en un mismo sitio viendo como alguien deshace una maleta o habla de Nietzsche o la subyugación del proletariado. Por cierto, que no se me olvide hablar de la electrizante banda sonora de Cliff Martínez. Contagio es un ejemplo de lo que es entender la música que piden los fotogramas de un film.

En cuanto al reparto, habida cuenta de lo flojos que están los personajes del guión, no hay demasiado de lo que hablar. No hay personajes con minutos suficientes para ser calificados de protagonistas. Matt Damon sigue madurando como actor; las bellísimas Marion Cotillard y Kate Winslet no cuentan con las líneas necesarias para sacar todo su talentazo a pasear pero cada vez que están en un plano dominan la escena con tronío; Gwyneth Paltrow pasa casi desapercibida; Jude Law resulta un poco histriónico; Lawrence Fishburne resuelve con solvencia la papeleta y destaca Jennifer Ehle como la intrépida doctora Ally Hextall.

¿La recomiendo? Sin duda, sí. ¿Me parece absolutamente imprescindible? Sin duda, no. Es un siete tirando a un ocho, lo que para los tiempos que corren es muy buena nota. Eso sí, que no se la pierda ningún médico; el trabajo científico del film es de sobresaliente.

 

 

 

 

 

Publicado: 20/10/2011

Clive Owen, un padre preocupado en 'Intruders'.

Ejecución impecable de las claves del género en Intruders. Juan Carlos Fresnadillo no sólo es un fan con conocimiento sobre lo que funciona y lo que no cuando se trata de pelis de miedo sino que también es capaz de llevar ese saber a la pantalla con la precisión de un escultor que conoce su material. El film del director español no es una obra maestra pero la historia que narra alcanza la meta en la que tantas cintas de su pelaje fallan estrepitosamente: dar miedo. Uno está cansado de basurillas pretendidamente terroríficas que basan sus intenciones en la sangre y el grito sin criterio alguno. La poca profesionalidad de muchos fétidos subproductos que inundan las carteleras cada año hace que el film de Fresnadillo parezca aún mejor de lo que realmente es; pero es que lo que es no resulta muy común hoy en día. La buena noticia es que en Intruders gritan cuando toca.

Aunque se percibe desde los primeros planos que el autor domina la estética del acojone a la perfección lo que realmente da el buen empaque que tiene la cinta es su factura técnica. Es de agradecer, por ejemplo, que no se atosigue al espectador con una sobrealimentación de primeros planos y una repetitiva aceleración de violines. Fresnadillo respeta el género y ofrece un entretenimiento de calidad que no pretende nada más que lo que espera su público ypor esa razón uno sale satisfecho de la sala tras el visionado de una historia moderadamente original pero extremadamente consciente de sus armas.

El montaje realizado sobre el guión de Nicolás Casariego y Jaime Marqués posee el ritmo adecuado. La narración siempre va ‘in crescendo’ hasta una crisis bien orquestada y, a pesar de que su clímax y resolución sean menos espectaculares de lo deseable, tienen la suficiente fuerza para merecer el pago de la entrada. No me acaban de convencer, sin embargo, algunas de las decisiones musicales de la cinta pero la banda sonora en general funciona, de modo que no hay que preocuparse tampoco por la presencia de la partituras burdas de las malas pelis del género.

El reparto está realmente bien, aunque su trabajo es de pronto olvido. Especialmente el de Daniel Brühl, que no consigue hacer importante a un personaje con bastante potencial; Clive Owen raya al buen nivel al que acostumbra; Pilar López de Ayala está magnífica; Carice Van Houten no aporta demasiado; los niños Ella Purnell e Izán Corchero no son ninguna maravilla; y el que se gana al público con tan sólo unos instantes frente a la cámara es el genio de la interpretación Héctor Alterio. Simplemente brillante.

Lo mejor que se puede decir de Intruders es que tiene muchas virtudes y pocos defectos. El cinéfilo simple no tiene nada que temer de la película de Fresnadillo. Cumple con las expectativas básicas y dar un poquillo más. Perfecta para una tarde de cine sin mayores pretensiones. ¡Saludos desde Sitges!

 

 

 

 

 

Publicado: 29/09/2011

Jessica Chastain interpreta a la madre del protagonista.

Al cine uno va a que le cuenten historias. Lo mismo que espera vaya a suceder cuando se sienta a devorar una novela. Si lo que quiere es leer algo sobre Historia o Veterinaria, lo lógico es acudir a libros científicos sobre dichas cuestiones y no a novelas de Pérez Reverte. Con lo que se hace con las cámaras de vídeo pasa exactamente igual. Si uno está interesado en la astronomía o en viajar a Tailandia, verá un documental de National Geographic o un reportaje del canal Viajar, por ejemplo. Por eso, si uno va al cine a ver El árbol de la vida esperando que le cuenten una historia va a salir más que cabreado de la sala. Lo que ha filmado el director norteamericano no es una película, sino una reflexión existencialista en formato video, aunque tenga personajes.

Es cierto que, al poco de iniciarse el film, Terrence Malick incluye en él un minirrelato sobre cómo reciben en su familia la noticia de la muerte de un joven soldado en la guerra y otro más tarde en que se observa la evolución hasta el arrepentimiento del rígido modo de educar de un padre a sus hijos, pero el resto del metraje es un contubernio de imágenes que son el vehículo de la reflexión existencial del hermano del soldado muerto sobre dicho acontecimiento y, principalmente, sobre su infacia.

Si uno acepta la premisa de que lo que va a presenciar no es la proyección de una película -en las que se cuentan historias con un planteamiento, un nudo y un desenlace- o un documental, sino la grabación en video de una reflexión filosófico-teológica narrada através de conversaciones, voces en off, imágenes bucólicas y situaciones familiares cotidianas, puede que saque algo en claro de El árbol de la vida. Como uno vió la peli sobreaviso de lo que se iba a encontrar, no le sorprendió demasiado la apuesta formal de Malick, de la que, en la fabulosa La delgada línea roja, ya había presentado algunos trazos y que en el presente film desata sin complejos. Y lo hace porque se sale completamente del séptimo arte para anidar su cámara en la reflexión filosófica. 

He leído bastante filosofía y ha habido autores que me han encantado. Uno de los textos clásicos sobre el que los que hicimos B.U.P tuvimos que trabajar fue el Libro VII de La república, de Platón, que a mí me apasionó (lo digo hoy, ya sin miedos adolescénticos a parecer un pedante). Como también disfruté leyendo a pensadores tan diversos como Nietzsche, Kierkegaard, Sartre, Karol Wojtyla o Marx. Viendo la reflexión de Malick sobre la existencia humana -y sobre la existencia de la propia existencia- cuya maravillosa conclusión se esucha en off hacia el final, también he disfrutado. Entiendo que a algunos les parezca que le falta mucha tijera al montaje de la película (a mí, de hecho, me parecen demasiado contemplativos ciertos momentos, sobre todo los planos finales) pero achaco dichos excesos a la intención de Malick de llevar al espectador a la contemplación metafísica, sobre todo en la parte de la creación del Universo y de la vida en la Tierra. Por ello, el autor estadounidense no juzga a los personajes ficticios que ponen voz a sus pensamientos. Su función es la de escenificar las debilidades y deficiencias humanas, que utiliza como razón y discurso de sus conclusiones finales.

En cuanto al apartado técnico, veo muy difícil que le den el Oscar a la mejor fotografía a otro que no sea al encargado de dicho apartado en El árbol de la vida, Emmanuel Lubezki. Magistral, hermosísima y elegante; la fotografía ideal para la obra de Malick. No hay espacio suficiente para contar el número de momentos de brutal belleza plástica que nos ofrece la pictórica propuesta de Lubezki. De igual modo brilla la preciosista banda sonora de Alexandre Desplat,que es también el tipo idóneo para entender lo que Malick ha querido hacer en este film.

El reparto también es estupendo. Por encima de un fenomenal Brad Pitt brilla -resplandece diría yo- Jessica Chastain, cuya  interpretación es casi pertubadora. Su angelical presencia y su feroz desafío a la cámara cada vez que la enfoca son dos elementos sorpresa de la película que hacen funcionar el papel que su personaje tiene en el minirrelato familiar de Malick. Los niños también poseen los arrestos suficientes para estar al nivel de Pitt y Chastain, especialmente Hunter McCracken (Jack). Lo que más me ha llamado la atención del casting, además de Chastain, es el enorme parecido de Laramie Eppler (R.L.) con Brad Pitt, de suerte que pasa realmente por hijo suyo.

El árbol de la vida es un apuesta muy arriesgada para el cinéfilo simple. A mí me ha gustado del mismo modo que me podía haber asqueado pero como creo haber dejado bastante claro de qué va el asunto para que el que no esté interesado en filosofías en pantalla grande elija otra sala cuando vaya al cine, me doy por satisfecho con lo escrito hoy. Pero luego que nadie diga que no he avisado.